El Imbabura.- foto: Acuario27
Tiem­po de Lec­tu­ra:1 Minu­tos, 43 Segun­dos

-Maes­tro, ¿Cómo pue­do enfren­tar el ais­la­mien­to?

-Lim­pia tu casa. A fon­do. En todos los rin­co­nes. Inclu­so los que nun­ca tuvis­te ganas, el cora­je y la pacien­cia de tocar. Haz que tu casa sea bri­llan­te y cui­da­da. Qui­ta el pol­vo, las tela­ra­ñas, las impu­re­zas. Inclu­so las más ocul­tas.

Tu casa te repre­sen­ta a ti mis­mo: si cui­das de ella, tam­bién te cui­das.

Yahuarcocha, Proyecto52, Foto Cristian Cifuentes, Reto 2
Yahuar­co­cha, Proyecto52, Foto Cris­tian Cifuen­tes, Reto 2

‑Maes­tro pero el tiem­po es lar­go. Des­pués de cui­dar de mí a tra­vés de mi casa ¿Cómo pue­do vivir el ais­la­mien­to?

-Arre­gla lo que se pue­de arre­glar y eli­mi­na lo que ya no nece­si­tas.

Dedí­ca­te al remien­do, bor­da los arran­ques de tus pan­ta­lo­nes, cose bien los bor­des des­hi­la­cha­dos de tus ves­ti­dos, res­tau­ra un mue­ble, repa­ra todo lo que vale la pena repa­rar. El res­to, tíra­lo. Con gra­ti­tud. Y con con­cien­cia de que su ciclo ha ter­mi­na­do.

Arre­glar y eli­mi­nar fue­ra de ti per­mi­te arre­glar o eli­mi­nar lo que hay den­tro de ti.

‑Maes­tro y ¿lue­go qué? ¿Qué pue­do hacer todo el tiem­po solo?

-Siem­bra. Inclu­so una semi­lla en un jarrón. Cui­da una plan­ta, rié­ga­la todos los días, hábla­les, dale un nom­bre, qui­ta las hojas secas y las malas hier­bas que pue­den asfi­xiar­la y robar­le ener­gía vital pre­cio­sa. Es una for­ma de cui­dar tus semi­llas inte­rio­res, tus deseos, tus inten­cio­nes, tus idea­les.

-Maes­tro y ¿si el vacío vie­ne a visi­tar­me?

¿Si lle­gan el mie­do a la enfer­me­dad y a la muer­te?

-Hábla­les. Pre­pa­ra la mesa para ellos tam­bién, reser­va un lugar para cada uno de tus temo­res. Inví­ta­les a cenar con­ti­go. Y pre­gún­ta­les por qué lle­ga­ron des­de tan lejos has­ta tu casa.

¿Qué men­sa­je quie­ren traer­te?. ¿Qué quie­ren comu­ni­car­te?.

‑Maes­tro, no creo que pue­da hacer esto…

No es el ais­la­mien­to tu pro­ble­ma, sino el mie­do a enfren­tar tus dra­go­nes inte­rio­res Esos que siem­pre qui­sis­te ale­jar de ti. Aho­ra no pue­des huir.

Míra­los a los ojos, escú­cha­les y des­cu­bri­rás que te pusie­ron con­tra la pared. Te han ais­la­do para poder hablar con­ti­go. Como las semi­llas que solo pue­den bro­tar si están solas.

Rela­to Zen de Zen Toyo

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