Nos hundimos

General
Iba­rra es una ciu­dad de cli­ma tem­pla­do, nor­mal­men­te en la ciu­dad se man­tie­nen tem­pe­ra­tu­ras agra­da­bles y no es una ciu­dad en la que llue­va mucho, pero últi­ma­men­te el cli­ma esta muy cam­bia­do, prue­ba de esto es lo que ocu­rrió el día de ayer, una llu­via que ini­ció como una llu­via nor­mal se trans­for­mó en poco tiem­po en un torren­cial agua­ce­ro con gra­ni­zo, true­nos y rayos.
La llu­via se ini­ció alre­de­dor de las 11h30 y fue cons­tan­te has­ta que se vol­vió torren­cial alre­de­dor de las 13h30, la gran mayo­ría de la gen­te no podía ni salir de sus tra­ba­jos, no se podía cru­zar las calles debi­do a la gran can­ti­dad de agua cada calle pare­cía un río.


Con­du­cir en esas con­di­cio­nes se trans­for­mó en un peli­gro, par­ti­cu­lar­men­te pri­me­ra vez que uti­li­zo la posi­ción dos del lim­pia­pa­ra­bri­sas (más rápi­do de lo nor­mal), pare­cía que uno esta­ba deba­jo de una gran man­gue­ra de la cual salía mucha agua.


Con el tiem­po algu­nas calles se hun­die­ron por el cen­tro de la ciu­dad hay dos hue­cos muy gran­des por que la base del ado­qui­na­do cedió. En otras par­tes como en mi barrio, nos inun­da­mos com­ple­ta­men­te, y en las cer­ca­nías de las mon­ta­ñas el agua que des­cen­dió de ellas obli­go a des­alo­jar a la poca gen­te que que­do en el con­jun­to habi­ta­cio­nal La Vic­to­ria, que des­de un prin­ci­pio hubo que des­alo­jar.


Las inun­da­cio­nes estu­vie­ron por todas par­tes, se sus­pen­die­ron cla­ses en las uni­ver­si­da­des por la gran can­ti­dad de agua que ingre­sa­ba a los edi­fi­cios, por suer­te alre­de­dor de las 14h45 dejó de llo­ver y poco a poco el sol empe­zó a bri­llar.


Las imá­ge­nes corres­pon­de a Yacu­ca­lle, jus­ta­men­te don­de yo vivo, cer­ca del Ter­mi­nal Terres­tre de la ciu­dad, ima­gí­nen­se lle­gue con algo difi­cul­tad mien­tras llo­vía al almuer­zo en mi casa, cuan­do de pron­to el pito de algu­nos carros se ini­cia­ban sin que nadie lo haga, al salir, me encon­tré con que a mi carro casi no se le veían las llan­tas de lo alto del agua y muchos carros no se encen­dían, por suer­te si pude mover­le y subir­le a la vere­da de una par­te más alta.

Para ampliar las foto­gra­fías con un clic sobre ellas, cual­quier nove­dad ya les cuen­to

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