Quienes han pasado la etapa de la fotografía anterior a la fotografía digital, pueden tener constancia de que la fotografía era un pasatiempo muy caro, ya que primeramente había que “aprender” a tomar fotos, dependiendo de la cámara se podía ajustar manualmente los parámetros o si era fija, únicamente había que disparar y listo, pero con resultados no necesariamente los deseados.
Luego, el proceso de revelado, buscar la tienda de fotos más cercana, dejar el rollo, regresar después de un tiempo a retirar, muchas veces esperar con ansias, ver el resultado de las fotos del paseo, o de los paisajes o de la gente. A veces los resultados no eran los que pensábamos, las fotos movidas, poca luz o demasiada luz y en el peor de los casos el rollo velado.
Una vez que se reunía las fotos se almacenaban en el preciado Álbum familiar, o en el álbum personal, vista obligada de parientes o de algún amigo cercano, claro se retiraba las fotos que no nos parecían muy bonitas para que nadie las vea, pese a que quien reveló las fotos ya ha visto todas las fotografías.
Poco a poco esta historia está cambiando, la fotografía digital es la causa, las cámaras que ahora encontramos hasta en los teléfonos celulares, ya se nos hace muy común ver gente con su cámara tomando fotos de sus amigos, o cualquier evento.
No soy psicólogo pero me he dado cuenta que de cierta forma la imagen personal que tiene cada persona de si misma tiene mucho que ver con su autoestima, personas que le gusta su imagen proyectan ese gusto y se presentan fácilmente para tomarse una fotografía, pero hay personas que no les gusta que les tomen fotos, sea por timidez o por que simplemente no les gusta la imagen que proyectan.
Las fotos corresponden a una de las iglesias de Quito y el interior del centro comercial Espiral de la capital también.
