La última parte del viaje fue al teleférico, la idea era admirar la ciudad de Quito desde las alturas del Pichincha, pero la intención fue buena el clima no tanto, para cuando llegamos estaba nublado, la infraestructura del lugar es muy buena, me imagino las dificultades que deben haber pasado para construir a esa altura, solamente para colocar las bases del teleférico y luego transportar material de construcción debe haber sido un gran esfuerzo.
Iniciamos la tarde con el ascenso a la montaña en el teleférico, como se puede ver en las fotos no había casi nadie por el clima, me contaban que en los días de buen clima y feriados hay mucha gente.
En la parte superior, pasando la “parada” por así llamar la estación del trole, hay un sendero delimitado para quien quiera seguir subiendo, subí una buena parte de este sendero pero el frío que calaba los huesos, literalmente, (dolían las rodillas) hicieron que regresemos a buscar el calor de un café, que encontramos regresando a la parada. El café conseguimos en un negocio que según me cuentan es del Colombiano Montoya piloto de formula 1. Para el frío el café perfecto.
De regreso, me percate de un rótulo que decía que en caso de tormentas eléctricas la cabina puede demorar hasta 30 minutos en descender, para respetar normas internacionales de seguridad, el trayecto normalmente se lo hace en 12 minutos y me parece la forma más cómoda de subir una montaña.
